Escrito por Kein Kena el 1 de abril del 2022
La danza vínculo de conexiones espirituales entre mujeres
En los últimos meses me he cuestionado la danza en mi cuerpa en relación con la espiritualidad. Digo espiritualidad cuando se trata de conectar conmigo misma y cuando eso hace efecto en las mujeres cerca, conocidas o desconocidas, incluyendo a las que ya fallecieron. Visualizo la espiritualidad como una comunicación muy específica de nuestra corporalidad, una telepatía, unos gestos heredados, una conversación dentro (con los pensamientos y el sentir).
Digo «la danza» como estos pasos continuos (improvisados o planeados) que se construyen en lo colectivo o en secuencia, sujeta a un ritmo o sentimiento.
Pienso que no es casualidad el uso de la danza en los rituales de ciertas culturas, grupos espirituales actuales o en la antigüedad. No es casualidad tampoco que en ciertas representaciones artísticas de la realidad, como en el cine por ejemplo, se le dé a la danza la cualidad de ser un tipo de portal entre lo humano y lo paranormal. Por mencionar algunas, pienso en la película titulada «Suspiria»: la trama nos lleva a una compañía de danza donde un grupo de mujeres (que en teoría son brujas) pactan de cierta forma con una maldad originaria (de esos demonios que cuentan las religiones patriarcales que habitaban la tierra antes de que se manifestará el «bien) llamada la madre de los suspiros y es a través de la danza en la que las brujas logran conectar con este demonio, la danza aquí se muestra como una expresión que involucra «el mal», de los oscuro de los cuerpos, de lo profundo, sus bailes son intrigantes y cuestionables, enfocados a esta parte terrorífica de la película.
Conecto esta película con una serie moderna titulada «The OA», en la que contrario a suspiria, las y los danzantes son ángeles (eso en la primera dimensión), se trata de una mujer que en su niñez iba a morir pero la diosa de la vida le da una segunda oportunidad dejándole así un tipo de sensibilidad (la ceguera), ella es secuestrada por un hombre quien experimenta con humanos que ya han muerto y revivido alguna vez, y según la trama ahí en ese secuestro ella se encuentra con otras/os ángeles y comienzan a crear una secuencia en baile, una danza en conjunto para sobrevivir a esa situación de encarcelamiento y para sanarse. Esta danza sería entonces lo que las y los llevaría a pasar a otra dimensión, más allá de la muerte. Ella logra salir y conforme transcurre la historia va construyendo una red con un grupo de jóvenes para enseñarles la secuencia en danza que había descubierto era requisito para conectar con su espiritualidad y lograr así pasar a la otra vida esperada.
Son tramas que evidentemente están creadas desde una concepción patriarcal, y así también lo está la danza que ahí se representa. Sin embargo, lo que me intriga en todo ello, son los tipos de movimientos corporales que todas las danzas que se utilizan para realizar algún tipo de ritual de repente comparten o tienen similitud. Históricamente lo hemos visto, incluso en caricaturas o programas populares, en las cuales se hacen visibles ciertas posturas corporales o secuencias coreográficas vinculadas con la magia o poderes.
Me suele llamar la atención el acomodo de las manos y como en casi todas pareciera que la magia, el poder o la energía (sea el caso), sale de un centro, ubicando regularmente ese centro dentro del estómago, o del pecho. Si esto lo trasladamos a analizarlo desde el lesbofeminismo podríamos intuir con facilidad lo que es el centro mágico en nuestras cuerpas, y sí, me refiero a nuestra útera y a su enorme capacidad de construir memorias y energía dentro de nosotras.
Sobre la reproducción del patriarcado por medio de la instrucción de la danza está claro que la distorsión de la misma es uno de sus pilares. En mi opinión, todas las técnicas actuales, todos los tipos de danza (generalizo porque todas están dentro del sistema, pero desconozco a una mayoría en su historia y teoría) están condicionadas por la estructura socialmente dominante (la patriarcal) que se basa en el odio a nuestras cuerpas, pero algo tan potente es, que así como en todas las prácticas categorizadas como artes, se pueden rescatar en ellas ciertos códigos de mujeres que continúan resistiendo en la práctica, lo que algunas lesbofeministas han nombrado como mensajes ancestrales. En la danza patriarcal, en las formas de expresiones que vemos actualmente se pueden identificar algunos mensajes de la resistencia de las mujeres que nos anteceden, incluso mucho antes de que el patriarcado llegara a invadirnos con esta guerra de odio. En la danza que construimos a consciencia con una misma podemos encontrar movimientos o sentimientos que fueron originaron de las sociedades de mujeres, de las ginosociedades.
Esto me remonta a pensar en danzas como la contemporánea, el butoh y el jazz lírico, y en prácticas de artes marciales o de relajación como el Tai Chi, el yoga, y otros, son técnicas que impulsan al cuerpo a regresar así mismo, a bailar desde las emociones, desde la individualidad en lo grupal, conectar con lo que hay adentro y afuera. Menciono «cuerpo» en masculino porque estas danzas o practicas a pesar de su profundidad siguen sin salirse de la norma patriarcal, actualmente es una realidad que la danza sigue basándose en ideologías de la misoginia, se continua formando a partir de una heterosexualidad obligatoria, donde se refuerzan los roles sexuales que las mujeres deben realizar en sus prácticas bajo este patriarcado, destinando así estos espacios dancísticos a lo mixto, a los intereses de los hombres. Todavía no hay corrientes teórica -prácticas que hagan una reflexión feminista desde filosofías que se construyan en la realidad histórica de las mujeres, de las cuerpas danzantes, de las sociedades de mujeres. Quizá haya mujeres que estén rompiendo en esos espacios, tengo la certeza que desde hace siglos ya ha habido propuestas feministas, perspectivas que surjan de la lesbiandad, de nuestra realidad histórica como mujeres, pero la danza patriarcal sigue abarcando los espacios destinados al arte y a la espiritualidad en nuestras sociedades actuales.
Con esto quiero puntualizar que la espiritualidad, las conexiones entre otras por medio del movimiento, el baile y la danza, siempre han estado ahí. Me puedo aventurar a afirmar que la danza ancestral era parte de la cotidianidad de las mujeres en nuestro origen de la sociedad, la cual fue robada en el patriarcado para ser protagonizada por los hombres y fue distorsionada para que no nos pudiéramos encontrar a través de ella a lo largo de estos años, para que creamos que no nacimos para movernos, ni para crear secuencias al ritmo de nuestras cuerpas, ni para hacer consciente que podemos comunicarnos entre nosotras de formas telepáticas y trascendentales, que rebasan lo que nos han dicho sobre la comunicación, los hombres en el patriarcado nos han manipulado el sentir para que estemos perdidas, desconectadas de nosotras mismas, nos han obligado a sentir que no merécenos expresar nuestra existencia, ni vivir nuestras cuerpas, por eso compartimos ciertos procesos emociones que nos limitan a la hora de expresar como la vergüenza o la culpa, son emociones que probablemente no estaban desde un inicio antes de que nos declararan la guerra, sino que se han sido creado en todo este bombardeo hacía nuestra psique y ciclos emocionales.
Nuestra cuerpa ha sido condicionada a una cultura, a una lógica que no venía de nosotras, a ciertas reglas que nos orilla a adoptarlas para sobrevivir. Somos resultado de una guerra entre lo que somos y entre lo que nos han dicho que debemos ser (entre la resistencia y entre la manipulación), por eso la importancia de comprender ¿Por qué me muevo como me muevo? ¿Por qué me siento de esta forma cuando lo hago? reconocer nuestros movimientos como lenguaje entre sociedades de mujeres, empezar, porque nos queda mucho por descubrir dentro de nosotras; es adentrarnos en la búsqueda del autoconocimiento. Luego, ¿Han notado cómo cambian las expresiones, gestos, tonos de voz, gustos o disgustos, de una mujer que vive en México a una mujer que vive en Japón, por mencionar algunas? Nuestros comportamientos están condicionados por el lenguaje que nos domina (entre otros factores). Por lo tal, el lenguaje patriarcal está inmerso en nuestra forma de expresión en todos los sentidos, por lo que, la forma en que nos movemos también han sido impuesta en mayor medida.
Es probable que entre tanto robo a nuestra historia, y tanta cantidad de censura a nuestra expresión hayamos olvidado u omitido nuestras capacidades y habilidades como seres vivas.
Tengo una espinita sobre esas leyendas de brujas danzando, esos rituales a las deidades, esas caricaturas, series y películas que conectan a la danza con otros portales y dimensiones energéticas…, todos los cuentos paranormales o mágicos que involucran a la danza, quizá tengan algún grado de verdad, quizá. Me gusta pensar que así es, porque lo he sentido, lo he vivido en mi cotidianidad cuando bailo conmigo misma y cuando danzo con las otras, he sentido como nos comunicamos corporalmente.
Para cerrar aquí, quiero aclarar que fundamento todo lo dicho anteriormente con mi sentir (sentir que ha sido construido por muchas mujeres al compartir sus vidas con la mía y al hacerme heredera de sus sabidurías), lo que siento es maravillosamente coherente y es lo único que necesito para respaldar cualquier idea, reflexión, análisis, crítica, teoría y argumentación.
Esta es la era de revolucionar en lo cercano. Ya es momento de confiar en nuestras cuerpas.
Hoy es el tiempo de encontrarnos, de imaginar lo que podríamos crear juntas, de recordar lo que nos han contado las ancestras, de reconocernos mágicas, creadoras, racionales, danzantes, espirituales.
La propuesta no es que empecemos danzando las técnicas que el patriarcado en el capitalismo nos oferta, sino que comencemos a movernos como nuestra cuerpa lo sienta, lo piense, lo viva, lo quiera. Saber que la danza no es algo a lo que una deba dedicarse sólo con conocimientos previos en una clase, curso o licenciatura, la danza no surgió ahí, vienen de nuestras cuerpas, de la cuerpa de nuestra madre, de la hermana, de las amigas, de las tías, de las vecinas, de las parejas de nuestras abuelas, bisabuelas, tatarabuelas.

Fotografía del colectivo Brujas Feministas de Tepatitlán en 2017
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