Nadie me preparó para la vida

Texto escrito por Kein Kena el 13 de febrero del 2024

NADIE ME PREPARÓ PARA LA VIDA

Es verdad eso que he escuchado que “nunca nos preparan para la vida”, para nada, no estamos preparadas para todo lo que hemos caminado.

 

Y aun así, aquí estamos, preguntándonos quizá si “¿De esto se trata todo?”, hablo en plural porque siempre imagino que somos un conjunto de mujeres que compartimos pensamientos al nacer en el mismo planeta, sin embargo solo puedo escribir por mí, pensar por mí y sí, nunca me preparé para todo esto.

 

Tengo veintisiete años, a nueve días de cumplir veintiocho (lo sé porque una amiga contó los días por mí), y me siento nostálgica de lo que he vivido, sobrevivido o lo que sea que conlleve un «vivido» al final de la palabra. Soy una mujer lesbiana, una joven, dirían las mayores y una mayor, dirían las menores, en fin, soy una mujer con una edad, una historia, con una forma de ser, pensar, actuar que se ha ido definiendo con las experiencias y con los aprendizajes previos y posteriores a ello. Yo no tengo ni una mierda de idea qué es lo que a veces estoy haciendo, y en muchos momentos llego a asustarme cuando me enredo en pensamientos sobre la existencia, pero lo único que sé con mucha certeza, certidumbre y quizá seguridad es que he hecho lo mejor que he creído, que he podido, que he querido, que he sentido y que he pensado para mí, lo que más se ha apegado a mi ética, a mis posturas o a mi lealtad conmigo y con quien sea, estoy haciendo lo que creo es mejor en general.

 

Y vaya que me he arrepentido mucho de mucho, no le soy fiel a ese dicho de “no me arrepiento de nada” como diría la sabía Edith Piaff en su canción, ya que creo que si hay mucho de lo que puedo estar arrepentida y de vez en cuando pienso en todos mis errores, sin embargo no creo sentir culpa, carga o posible forma de auto-señalarme desde el descuido o la agresión hacia conmigo, lo trabajo a diario, esta relación conmigo misma de tratarme con paciencia. Yo si me arrepiento de sucesos, decisiones, acciones… porque ahora puedo ver lo pasado con mejores lentes, con otras herramientas, con otras formas de pensar, de sentir, y si tuviera que cambiar cosas lo haría pero con las posibilidades y formas que ahora tengo; obviamente en el pasado sé que actué con lo que tuve, porque la mayoría de las veces o en casi todas las situaciones elegí la posibilidad que creí era la más viable.

 

No sé qué tan rápido o lento pueda a llegar a sentirse la vida luego de hoy, si va a ser o sentirse igual a como se sintió la vida de ayer, o si va a cambiar radicalmente, no sé si cuando sea una mujer anciana me guste mi pasado y mi presente, no sé si en tres años estaré tomando decisiones y actuando bajo la percepción teórica y practica por la que me sostengo ahora o si modifique mis principios éticos y tome otros caminos, otras perspectivas, no lo sé. Pero sé que será lo que pueda ser, aunque a veces eso me aterre tanto, lo de no tener certeza de lo que pueda llegar a suceder en el futuro con respecto a lo social, a lo constante, a lo cotidiano.

 

Nadie me preparó para vivir, para sobrevivir, para estar, para hacer, para pensar, para sentir…, quizá me introdujeron conceptos, me dijeron como actuar, como ser, como pensar pero pienso que en mayor medida fue para cumplir ciertos fines culturales que tiene que ver con mi rol de ser mujer en el territorio en que nací. Me dieron una lengua, ciertos movimientos corporales, me hablaron de reglas, de límites y profundidades, me dijeron lo que significa sí y no, lo que es bueno y malo, y lo siguen haciendo, siguen guiándome, pero ¿Quiénes lo hacen? Pienso que todos y todas, todo el mundo como fenómeno social, ¿será correcto utilizar el concepto “fenómeno social”? No lo sé, suena bien, supongo que sí porque es un fenómeno y quiero referirme a la sociedad, entonces puede ser correcto decirlo así, o no.

 

Y ya, soy el resultado del “cómo se supone que debo ser” yo mujer humana persona perteneciente a un grupo social, a un territorio, a una o varias instituciones (la familia, la escuela, etc.) y demás.

 

Pero nadie, o quizá sí, algunas cuantas mujeres de forma explícita o implícita me prepararon para ser yo misma, como mi mamá, mi hermana, las amigas, la vecina o mi abuela. Ya pensándolo bien, claro que nadie me puede preparar para tanto porque nadie está preparada en realidad para la realidad, ninguna lo estamos, es un ejercicio nuevo, un descubrimiento cotidiano, o sea, de día tras días, es tan ordinario ser tan increíblemente in-preparada, todas lo estamos intentando, y si existiera una mujer que sepa exactamente lo que está haciendo con ella misma, con su vida, con la vida de las demás seres vivas, con el planeta y con la vida en sí, que me lo diga, que me lo comparta, porque” no sé qué carajos con todo esto”.

 

Bueno, tampoco es como que me disguste, en realidad por más triste o injusta que pueda llegar a sentir la realidad, disfruto ser. Lo hago con cada molécula de mi cuerpa, de mí. Estoy admirada de quien soy y de lo mucho qué he hecho por mí aun estando cero preparada, estoy admirada de ver quiénes son las demás mujeres que he conocido y conozco, la valentía de crear un día cada día.

 

Esto no es un mensaje motivacional, es un vomito ordinario de palabras, como el que tendría cualquier martes de cualquier febrero de cualquier año.

 

Porque eso soy, soy un vomito cotidiano, exacto “un vomito cotidiano”. Me siento así, al ser tan poco preparada para la vida diaria, todo es tan dramático como un vomito cualquiera cuando enfermamos del estómago, o cuando nuestro intestino lucha contra una intoxicación.

 

No me importan muchas cosas ahora, cosas que antes me importaban, ya tendré otro escrito para mencionar todo esto, o no, pero en este momento, o mejor expresado, en estas líneas cierro con lo siguiente: nadie me preparó para vivir porque ninguna está realmente preparada para lo que no se ha vivido aún, somos este momento que está pasando en este segundo, en este lugar, no hay otra opción ahora, quizá luego pero no en este exacto momento, que no es exacto ¿verdad? Porque sigo escribiendo y si me lees o no, sigues leyendo y sigue pasando y ahora todo el texto ya es pasado, pero eso es lo que amo de los textos que cada palabra puede ser el presente al leerlas juntas en un escrito, una y otra vez, pero no funciona igual para escribir, entonces hasta para escribir nadie me preparó y hoy escribo algo nuevo para mí, algo que no planeé, algo que resultó de todo lo que viví estos últimos veintisiete años. Quizá si tuve apoyo de otras mujeres, quizá sí, alguien si me haya preparado para lo que viene, quizá mi pasado, mi yo pasada me está preparando para vivir, así que, siguiendo esta lógica tuve que haber estado in-preparada en algún punto pasado para prepararme a la vida que continua al presente, al futuro.

 

Que trabalenguas, supongo que ya perdí el punto, pero sigo en el presente, sigo, hay que seguir, ¿seguir a dónde? No lo sé, quizá a terminar este texto.

 

 

*La ilustración original no pertenece a La entereza.

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