No me reduzco a las creencias

Texto escrito por Kein Kena el 25 de julio del 2024

NO ME REDUZCO A LAS CREENCIAS

 

“No puedes reducirte al error” me dijo Pía una acompañante de mujeres, y tuvo razón. Yo no soy el error propio, ni soy el error de las otras. Reducirme a algo significa que estoy permitiendo que la sociedad masculina siga moldeándome, significa que sigo sin verme con mi propia mirada, con mi juicio, desde el autoconocimiento.
 
Claro que no somos lo que otras personas perciban, sientan, piensen u opinen sobre nosotras, pero si venimos de esas acciones que cometimos, de esas experiencias, de esos momentos agradables o desagradables.
 
Y quizá así sea esto de vivir en sociedad, estar en constante lucha sobre como la percepción colectiva nos va definiendo y como lo vamos haciendo nosotras mismas. Hablo de la percepción de todas las personas, de las que están cerca, de las que están lejos, de las desconocidas, de las conocidas, de las ex amigas, ex novias, ex relaciones cualquieras, o las relaciones actuales. Hay muchas maneras de observarnos, hay muchas personas observando, y a veces algunas observaciones se pueden juntar, algunas porque le convienen a la hegemonía como por ejemplo cuando una mujer está soltera y la sociedad por las creencias sobre cómo debe vivir una mujer (en pareja o casada con un hombre) la percibe como antisocial, traumada o “cotorrita”. Ejemplos hay miles, las creencias que se sostienen en la cultura van agrupando las percepciones de las personas para ir reduciendo a las personas a ello.
 
Dependiendo qué tanto trabajo tengamos hecho con nosotras en el autoconocimiento será lo fuerte que esas percepciones sociales van a impactar en nosotras mismas, y bueno, no solo es que debamos reforzar la autopercepción, sino escapar o ponernos a salvo del bombardeo constante en los espacios o por parte de las personas que alimentan las creencias sociales sobre una misma que no nos hacen “un bien”, que no nos dan una mejora, un bienestar, un crecimiento mental, emocional, en cualquier sentido nuestro crecer del ser (ser viva).
 
Pienso que esto sucede todo el tiempo en la forma en cómo nos vinculamos.
 
A mí me interesa bajar todas las reflexiones a mis vínculos entre mujeres, porque yo soy una mujer, y trabajar las relaciones con las otras es como trabajar la relación conmigo misma, es un camino hacia la autopercepción y la percepción hacia las otras que no lleve consigo una carga histórica de creencias dañinas que no vienen de nosotras sino de una cultura que ya estaba instaurada cuando llegamos a la existencia.
 
Pero hay algo que necesito agregar, es necesario afirmar que no somos lo que otras mujeres piensen o digan de nosotras, sin embargo, eso no significa que cuando hemos actuado con deshonestidad o injusticia debamos lavarnos las manos y echarle la responsabilidad a todas las demás porque nuestras acciones impactan por todos lados en las vidas de las otras mujeres. Por ello, para mí, es importante adentrarme en la búsqueda de este equilibrio, de no descansar del análisis, de la observación, y sobre todo, de la valentía de tomar lo que le corresponde a  una y lo que no, soltarlo.
 
Soltarlo no de aventarlo, sino soltarlo para dejar de cargarlo o traerlo incomodándonos la espalda, el estómago, y ocupándonos las manos. No necesitamos ir llevando cosas que no sean nuestras, percepciones que no son nuestras, creencias que no nos nutren para nada.
 
Hay que saber que existen mujeres que simplemente no van a cuestionarse sus conductas y acciones, y van a seguir manipulando a otras para continuar en la competencia que la sociedad masculina las orilló a aprender y a reproducir. Simplemente debemos aceptarlo y continuar, sin ellas.
 
Supongo que ninguna estamos exentas de patriarcado, como ya lo han dicho en todo el mundo las feministas, y es que es verdad, todas somos lo que hay, todas nos equivocamos, y a veces no solo nos equivocamos, a veces hemos actuado con saña, con intención de ganar o de dañar, no lo sé, eso es algo que cada una sabe de sí misma lo oculte o no.
 
Para mí, resulta un problema pensar que un error define el destino, los tratos, el merecimiento, e incluso hasta los derechos, y que por ello debes verte como las otras quieren verte con misoginia, racismo y con todo su clasismo. Como cuando te echan de un grupo de amigas al primer error por no ser la mujer “buenita” o “femenina” que ellas esperan de ti y te hacen la famosa “funa”, o cuando decides poner un límite y usan su estatus para desacreditar tu versión… cualquier situación donde haya otra persona o un grupo de personas afectando tu vida presente y futura.
 
Debemos saber que esto no es lo que tendríamos que aceptar, porque nos merecemos los diálogos, nos merecemos la cercanía, la confianza, la credibilidad, la empatía y la tranquilidad de andar por ahí sin más miedos que los que ya están a diario. Por eso una misma debemos saber que nadie puede definir lo que somos, incluso ni nosotras mismas, eso es algo que no está definido sino que está en constante cambio y mejora.
 
No podemos reducirnos a las creencias de nadie, ni a las de una misma.
 
Por favor más empatía, más diálogos, más horizontalidad, más sensibilidad, menos mentiras,  cinismo y crueldad entre nosotras.
 

*La pintura original no pertenece a La Entereza

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